domingo, 7 de agosto de 2011

¿Cuántas veces nos salvó el pudor y mis ganas de siempre buscarte? Pedacito de amor delirante... Colgado de tu cuello un sábado de lluvia a las 5 de la tarde.
Sabe Dios cómo me cuesta dejarte, y te miro mientras duermes, más no voy a despertarte. Es que hoy se me agotó la esperanza porque con los que nos queda de nosotros ya no alcanza

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